
Para la vuelta y como prevención, Susana ha optado por
convertir su puesto de venta en prácticamente un invernadero, cubriéndolo en su
mayor parte con plástico transparente que deja ver perfectamente los productos
sin permitir que los clientes los puedan tocar.
Además, ella lleva guantes,
mascarilla y pantalla protectora. Con el dinero en efectivo que recibe está
poniendo especial cuidado, dejándolo apartado y desinfectándolo con alcohol,
por lo que el cambio a los clientes lo efectúa con monedas que lleva limpias
desde casa. Lavarse con alcohol tras cada contacto con dinero, es otra medida
que repite constantemente. “La gente se lo ha tomado bien, van muy respetuosos
y agradecidos. Les ha gustado por estar bien protegidos, además, al poner el
plástico no hace tanta falta mantener los dos metros de distancia, yo creía que
era un poco aparatoso, pero la gente lo ha tomado bien. Cuando acabo, lo
pulverizo bien con el alcohol antes de recogerlo. Se trabaja con más
tranquilidad, los clientes piden y yo se lo saco por un lateral o se lo meto a
sus carros o bolsas directamente” destaca.


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| Susana en su primer mercadillo en Santa María |







































