El pasado sábado Nava de la Asunción tuvo concierto. Y no uno cualquiera: La Pegatina volvió, doce años después, a un escenario navero ante un público que, según quienes estuvieron allí, disfrutó de un buen espectáculo, con buen sonido y con un grupo que se entrega a su público y sabe cómo animar el cotarro. Hasta ahí, poco que objetar, ni siquiera que el concierto en la plaza de toros empezara una hora más tarde de lo previsto y obligara a retrasar la actuación de los dj’s hasta pasada la 1:00 de la mañana.
La cuestión viene después. Porque una cosa es que el concierto estuviera bien y otra, bastante diferente, es preguntarse si La Pegatina era el grupo más adecuado y, sobre todo, si el sábado elegido era el mejor día para traerla a Nava.Al parecer se vendieron alrededor de 1.200 entradas, que no está mal, pero tampoco parece como para tirar cohetes. Y más si tenemos en cuenta que, a pocos kilómetros, en Bernardos, se celebraba otro concierto, el de Barón Rojo. Dos pueblos prácticamente pegados, dos conciertos y, para más inri, el mismo promotor…
Vamos, que si había alguna posibilidad de repartir el público, tampoco hacía falta estudiar un máster en organización de eventos.
Y aquí aparece la pregunta del millón: ¿era necesario que el mismo promotor se hiciera la competencia a sí mismo? Porque poner dos conciertos de este calibre prácticamente al mismo tiempo y en localidades tan cercanas parece, cuando menos, una estrategia curiosa.
Aunque quizá haya una explicación que se nos escapa. Porque hay algo que parece claro: pase lo que pase con las taquillas, el promotor nunca pierde. Si se llena, estupendo. Si no se llena tanto como se esperaba, ya aparecerá el remanente, la barra, el ajuste de cuentas o la cuadratura creativa de los números. Al final, siempre hay una solución. Para algunos, claro.
Con unas 1.200 entradas vendidas, todo apunta a que la taquilla no habrá sido precisamente para descorchar champán. Y habrá que esperar a ver las cuentas definitivas, pero parece bastante probable que haya que echar mano del remanente que quedó de anteriores actos organizados por la Comisión de Peñas.
Y ahí conviene hacer una parada para hablar de quienesr sí se dejan las horas, los quebraderos de cabeza y, muchas veces, la paciencia: La Funcionera, la Comisión de Peñas de Nava de la Asunción.
Hay que reconocer la labor que realizan. Y quien escribe esto sabe perfectamente de qué habla, porque fueron muchos años al frente de la comisión. Organizar fiestas y eventos es un trabajo desagradecido. Cuando todo sale bien, parece que las cosas se hacen solas. Cuando algo sale mal, siempre aparece el experto de barra de bar que sabe exactamente lo que habría que haber hecho… aunque, curiosamente, nunca estaba allí cuando había que hacerlo.
Por eso hay que valorar que La Funcionera siga manteniendo el tipo y continúe en lo más alto. Eso tiene mérito. Mucho más del que algunos puedan imaginar.
Ahora bien, también conviene recordar una cosa: hay que saber pasar página. A veces uno puede pensar que no habrá relevo, que sin determinadas personas aquello no funcionará o que alguien resulta imprescindible. Pero no. Nadie es imprescindible. Y lo vuelvo a decir por experiencia.
Las comisiones necesitan renovarse, respirar aire nuevo y permitir que otros cojan el testigo. Quien ha estado muchos años al frente tiene todo el derecho a sentirse orgulloso de lo hecho, pero también debe entender que llega un momento en que toca dejar paso. Y quienes llegan tampoco tienen que inventar la pólvora: basta con seguir trabajando y no olvidar que esto se hace por el pueblo, no para alimentar egos.
Respecto al concierto, habrá que esperar a que las cuentas hablen. Porque una cosa es la impresión que deja el espectáculo y otra la realidad de la caja. Algún pufo económico parece que habrá, y habrá que tirar del colchón acumulado en anteriores actos para que las cuentas terminen de cuadrar.
Eso sí, todavía queda la barra. Y ahí puede estar parte de la salvación. Porque si las entradas no han dado todo lo que se esperaba, habrá que confiar en que las cervezas y los cubatas sean más generosos con la caja que la taquilla. Que para eso están las barras: unas veces para refrescar al personal y otras, aparentemente, para hacer milagros contables.
Y todo ello, por supuesto, con la colaboración del Ayuntamiento de Nava, observando el resultado desde su privilegiada atalaya, es decir, haciendo lo menos posible para no quedar mal. Una fórmula magnífica: si sale bien ahí están, si sale regular, siempre queda aquello de que “nosotros colaboramos”. Pero me queda la duda de saber qué habría pasado si hubiera sido un desastre total. ¿Habría respaldado nuestro querido alcalde al grupo de “jóvenes” que le sacan tantas castañas del fuego, de eventos culturales a lo largo del año?.Permitir que lo dude.
Ahora toca mirar hacia septiembre, a la Función y al concierto previsto. Y vuelve a aparecer la misma pregunta: ¿es el elegido el artista más idóneo para un concierto de fiestas en Nava?
Eso lo decidirá el público. Y, sobre todo, lo decidirá la taquilla.
Porque después de La Pegatina habrá expectación por comprobar si esta vez se acierta con la elección, si la gente responde y si los números terminan de salir y no vuelven a dejar en la caja un gran Huecco…


